Cuando otras vidas sí son posibles (Midnight in Paris, 2011)


¿Quién no ha deseado alguna vez contar con un artefacto parecido al creado por Charlie Kaufman en Being John Malkovich (1999), y vivir una vida diferente a la actual? Para los protagonistas de la última película de Woody Allen (1935), el amor fati no existe. Su reconciliación con la vida llega después de eventos inesperados que los obligan a escapar de la esclavitud de las ramas de su árbol de decisión vital, interpuesto por el destino/Dios/casualidad.

Reflexiones de la película Media noche en París. Estados Unidos 2011. Woody Allen

La insatisfacción fáustica ahoga los deseos y felicidad de las personas. En su despliegue táctico por lograr objetivos inmediatos, por ser lo que no es y por tener lo que no tiene, el hombre alcanzan más fácilmente la insatisfacción que el posible nivel de plenitud esperada.

Esto le ocurrió al frustrado Fausto de Goethe (1749) y también al Gil de Allen. La falta de complacencia con la vida actual los hace personas inconformes con los resultados obtenidos y con los procesos que los provocaron. Gil –a quien me corresponde enfocar este escrito- se siente esclavo de un árbol de decisión vital que nunca quiso tener y en el que cada opción elegida o desechada lo ataba más y más a un destino incontrolable. Hasta la media noche en París.

Cuando el reloj marca las 12, Gil es llevado a la época que siempre quiso vivir, lejos del siglo XXI donde el glamour y el arte no son el foco de la mágica París.

Juan Antonio Rivera (1958), hace un análisis grandioso sobre el apetito fáustico y las salas de cine “Fausto”, lugar a donde el hombre, antes de nacer, puede entrar y ver todas las escenas posibles de su vida. Allí el nonato tendrá la opción de escoger dónde, cómo y cuándo vivir. Escenario que el personaje de esta comedia hubiera querido tener pero que, como explica posteriormente Rivera, le habría quitado la libertad de sus acciones. Situación similar a la de Tom Baxter en La Rosa Púrpura de El Cairo (1985), también del director Neoyorquino.

Es normal sentirse descontento por la vida que se tiene. Los hombres son seres inconformes en gran parte por su esencia y sus rígidas metapreferencias. Lo contrario a esta insatisfacción es el onírico amor fati: convencimiento y sentimiento de que todo lo que ocurre en la vida es y ha sido bueno, gratificante y perfecto. Claramente, esto no ocurre con Gil, quien desprecia el siglo XXI y quisiera vivir en los fantásticos años 20, donde la filosofía, la pintura y la poesía se reunían en la época del jazz y la ginebra. Tampoco ocurre con Adriana (interpretada virtuosamente por Marion Cotillard) quien viviendo en los años 20, anhela con estar en la época naciente del expresionismo, y el fauvismo, presenciando los mejores momentos de Richard Wagner o Giuseppe Verdi.

Este amor fati o amor al destino, anunciado por Nietzsche (1844) en Así habló Zaratustra (1883), es la proclama del hombre que quiere amar lo necesario, es decir todo lo que rodea y ocurre en su vida; así como del que quiere su pasado y presente tal como es en la actualidad. Por supuesto, no es la preposición inseparable de los personajes de Allen. Por lo menos no hasta la última secuencia.

En esta película hispano americana no hay conformidad con la vida. Ni en la época actual, ni a comienzos del siglo XX, quizás tampoco lo habría en la Belle epoque. Pero en la mágica Media noche en París, Woody Allen le da la posibilidad a los protagonistas de alterar su árbol de decisión vital y reconciliarse con el presente y con su existencia. Al final, el amor fati rodeará a los protagonistas y los llevará a un estado de ensueño, hacia donde el mismo Fausto es rescatado por los ángeles. Al final, otras vidas sí son posibles.

Temas: Amor fati, apetito fáustico, satisfacción, metapreferencias, árbol de decisión vital
Recursos: Nietzsche, Juan Antonio Rivera


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EL ROSEBUD PERDIDO (El secreto de sus ojos, 2009)


“Los hombres pueden cambiar de todo, de familia, de casa, de Dios. Pero hay una cosa que no pueden cambiar (…) no pueden cambiar de pasión”. A pesar de esta cita romántica de uno de los personajes quijotescos de la película El secreto de sus ojos, es indispensable retornar a la realidad que nos enseña Charles Foster Kane: Hay muchos objetivos que no podemos alcanzar, a pesar de la inmensa pasión con que se desee.

Reflexiones de la película El secreto de sus ojos. Argentina 2009. Juan José Campanella

No es fácil encontrar una historia de amor contundente y sutil. Tan rotunda que lleve a compartir las emociones de los personajes llevando al espectador a una mirada ambigua y a cuestionar la ambivalencia moral presentada. El secreto de sus ojos lo hace. Aún así, el núcleo filosófico de está gran película ganadora del Oscar en 2010 no está en el amor; descansa en las cuestiones de la voluntad, el deseo y los denominados subproductos.

Cuando el amor y el deseo no se alcanza
El villano de esta historia deseó por muchos años a Lilliana Colotto de Morales, una mujer hermosa que aparentemente jamás se sintió interesada por el malévolo sujeto. Por más que él la visitara y le hablara –si alguna vez lo hizo- no bastó con la inmensa pasión que sentía, para lograr el amor de ella.

Hay elementos en la vida, denominados subproductos por su origen incidental, que no se pueden conseguir a fuerza de voluntad o por métodos racionales. Sucede con la felicidad y –quizás el ejemplo más claro, con el sueño. Cuando se padece de insomnio, entre más se ponen los cinco sentidos en lograr dormir, menos se logrará el cometido.

El amor es otro ejemplo cercano de subproductos. Nadie puede obligar a amar ni a ser amado -paradoja máxima del Ciudadano Kane (1941). Tampoco se puede obligar al alma a amar desde y hasta cierto punto temporal.

Este estado de imbecilidad transitoria –parafraseando a Ortega y Gasset (1883)- sólo se puede alcanzar no haciendo de éste la meta directa. El villano de esta historia no sólo no soportó su soberbia racionalista con la que quería alcanzar lo anhelado, sino que apartó la racionalidad de sus acciones y optó por el trágico desenlace de su deseo.

Cuando el amor y el deseo tampoco se alcanza
El amor entre Benjamín Espósito e Irene Menéndez-Hastings, protagonistas de la película, es inoportuno y evidente en las miradas. El primero la dotaba de perfección (lo que Standhal (1783), llamaba cristalización), mientras ella en silencio esperaba los momentos inaugurales del cortejo.

Sin embargo, bastaron 25 años para que existiera un acercamiento real entre ambos personajes, mientras Benjamín intenta reconstruir la historia del villano y su víctima.

Desde el inicio del romance tácito entre ambos, existía la pasión, pero a diferencia de la primera historia, carecían de voluntad. Hasta que Espósito recuerda que los hombres pueden cambiar de todo, menos de pasión, y decide seguir sus mandatos y expresarle a Irene todo lo que siente.

La película nos deja un retrato de optimismo, reconciliando este amor impropio y sutil en un amor potencial. Pero como se enunciaba en un principio, el amor es tan sólo el elemento incidental que le demuestra al público que la vida es tensa, conflictiva e injusta, que por más que pongamos nuestros cinco sentidos en algo, hay ciertos elementos inalcanzables con la conciencia y la voluntad, y que la racionalidad no es magnifica como se expresa en ciertas teorías del Conocimiento.

Temas: Subproductos, amor, deseo, voluntad
Recursos: Ortega y Gasset, Henri-Marie Beyle, teoría del conocimiento


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EL ARCOIRIS Y LOS PUENTES (LA OLA, 2008)

Para Nietzsche somos camellos que cargamos acuestas el peso de la pérdida de individualidad y la creatividad. Somos seres inferiores sometidos a ideologías innecesarias que corrompen la voluntad. ¿Cuántos metros separan al camello del niño?

Reflexiones de la película La ola. Alemania, 2008. Dennis Gansel.

La Ola reflexiona sobre la dinámica fundamental de la sociedad a través de la debilidad del hombre. No somos más que camellos con una moral de esclavos.
Nietzsche odiaba el Estado pues personifica lo indeterminado; los individuos son tratados indiscriminadamente condenándolos a una esclavitud de pensamiento, secuestrando su creatividad y su individualismo. Los integrantes de La ola, encarnan la rebeldía, la superación de las morales distractoras, la fuerza física, la jerarquización y diferenciación. Pero de nuevo caen en el error de vender su individualismo y caminar enfilados acentuando las ideas de este “falso-superhombre” interpretado por Jürgen Vogel –profesor de la clase de autocracia quien decide realizar un experimento para demostrar qué tan fácil sería formar un régimen fascista.

El superhombre es llamado a fundar una sociedad de nobles dominadores con una moral exigente y rigurosa. Allí donde el Estado gobernaba, surge un hombre superior que no cree en la igualdad y cuyas virtudes son el poder, la fuerza y la rebeldía del fuerte.

Por supuesto, un superhombre no puede ser líder si carece de seguidores. La debilidad del ser humano lo lleva a buscar quien lo guíe y lo tutele. Éste, punto fundamental dentro del fascismo, debela los temores a repetir sectarismos, nacionalismos extremos y pensamientos de grupo. Estos últimos han sido bien descritos por Irving Janis (1918) describiendo los errores y las decisiones irracionales acuñadas por un grupo. Los integrantes de la ola, en medio de una cohesión grande, homogeneidad ideológica y aislamiento social, deciden tomar acciones soportadas por un colectivo social. Acciones erróneas y definitivas que evidencian las equivocaciones de la caterva asialada.

Esta gran adaptación de Dennis Gansel, Basada en la novela homónima de Morton Rhue (1981) nos aterra mostrando la cercanía de las teorías de Nietzsche cuando imagina el arco iris y los puentes del superhombre; nos muestra la debilidad de los individuos y los errores de los colectivos; nos enseña el poder de la fuerza mediante la disciplina, mediante la comunidad y a través del orgullo.


Recursos: Nietzsche
Temas: Superhombre, totalitarismo, Pensamientos de grupo, moral de los débiles


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EL APETITO (AN EDUCATION, 2009)

Para zenon de Citio, tres son las pasiones del alma: Temor, dolor, placer y deseo. Para Platón, ésta última es irracional y para Freud, necesaria. Para Jenny, una potencial alumna de Oxford cuya identidad personal está regida bajo los recuerdos de una vida aburrida, ha llegado el momento de que su razón le conceda beligerancia al deseo.

Reflexiones de la película An education. Reino Unido, 2009. Lone Scherfig.


El ser no es sólo inmaterial, sino también inmortal. Según filósofos platónicos, existe una parte del alma que es racional y otra cuyo elemento inherente es el apetito. Jenny, el personaje principal – interpretado virtuosamente por Carey Mulligan- sabe que su ser está desbalanceado y que su dilema cartesiano culminará con el combate más grande de su vida entre la pasión y la razón.

La vida de esta niña de 16 años transcurre en medio de una represión por parte de su padre hacia el estudio y hacia su mayor objetivo: convertirse en alumna de Oxford. Algunos dirían que las acciones de Jenny estaban limitadas por la esclavización de su voluntad. Pero en este caso, y como respondería Nietzshe: “Unfree will is just mithology” y la juventud de Jenny es sólo el producto de una voluntad débil (la propia) regida por una fuerte (la del padre)

¿Era Jenny la que veíamos desde principio en la película, o era sólo una sustancia material gobernada por su padre? ¿Estaríamos viendo, de una manera más real, el mismo elemento filosófico mostrado por Charlie Kauffman en la película Being John Malkovich (1999)?

En vísperas de su aniversario 17, Jenny siente que no ha vivido lo deseado. En medio de la lluvia, aparece la excusa perfecta para entender que el deseo es esencial y su represión, dolorosa. Jenny comienza a gobernar su cuerpo y sus acciones: Fiestas, arte, cigarrillos, restaurantes y vestuarios ostentosos, jazz, Paris, etc.

Jenny, en medio de una secuencia dramática, y tratando de justificar la victoria que tiene la pasión en sus decisiones, afirma:” uno es lo que hace, y yo no había hecho nada en toda mi vida”. Para Daniel Shaw en su ensayo On being Philosophical and being John Malkovich, la verdadera identidad de una persona radica en sus acciones. Entonces, Jenny es Jenny por primera vez en 17 años.

Más allá del final de la historia y del desarrollo de su argumento narrativo, An education es una gran película filosófica que, en medio de jazz, perfume francés y Juliette Greco, lanza al público la gran pregunta acerca de las partes del alma y la identidad.

Es una película con conmovedoras actuaciones y una justa visión conservadora de Londres en los 60´s y del machismo de la época.


Recursos: Hume, Kant, Descartes, Freud, Platón, Daniel Shaw
Tema: Identidad Personal, Dualismo.



Pd: Es algo controvertido calificar una película de filosófica. Me remito a Herbet Granger para justificar mi concepto anterior: “una de las mejores formas de que una película sea filosófica es tener a sus personajes comprometidos en crisis existenciales”. An education es un trabajo notable de interlocutores en crisis.
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El RITUAL Y EL ALETEO (DEPARTURES, 2008)

Violines en el cielo es darse cuenta de la vida a través de la muerte instigando el debate interior sobre dualismo. Es una película que despierta los sentidos hacia conceptos fundamentales y pilares de concepción. Un gran film con inmejorable música, un perfecto ascenso emocional y un terrible título traducido.

Reflexiones de la película “Departures” Japón, 2008. Yojiro Takita.

Desde el lenguaje universal de la muerte y de la música, Yojiro Takita pretende llevar al espectador por el camino de la contrición del protagonista. Daigo Kobayashi es un músico que odia a su padre y que se ve obligado a volver a su pueblo natal para buscar empleo. Allí tendrá que limpiar y embellecer cadáveres. Un arte indeseado; el arte destinado para Daigo.

ESCENA A

Cientos de blancas gaviotas vuelan hacia un rumbo desconocido. Poco a poco van abandonando su detención en la superficie verde para expandir sus alas y, una tras otra, migrar hacia su destino final. En la pantalla van desapareciendo, mientras sus agitadas plumas las elevan. Segundos antes, una anciana japonesa, dueña de un baño público es cremada. Allí desde una pequeña rendija, su hijo presencia la escena infernal donde las llamas comienzan a rodear el ataúd.
El concepto nipón de la muerte es a veces visceral. Con el shintoismo, se consideraba la muerte como un evento repugnante y oscuro. Maldito era el cuerpo del muerto y maldito aquel que lo manipulara. Se temía a los espíritus impuros de los cuerpos asesinados o acabados por sí mismo. Muchos de ellos terminaban en fosas comunes sin ningún tipo de rito ni despedida; los más afortunados eran puestos en bolsas y tirados al rio.

Con el budismo la muerte deja su concepto macabro y vuelve a ser parte de la vida. “He despedido a muchas personas en este trabajo (…) para mí, la muerte es sólo un portal hacia algo diferente que nos espera más allá”, decía el encargado de la cremación. Para el budismo, como para algunos filósofos occidentales, la muerte hace parte de la vida. La persona es esencialmente mente y no cuerpo y la substancia espiritual perdurará aún si es separada del cuerpo.
Un cuerpo muerto que es despedido con dignidad y con agradecimiento. Una maquina que para nunca más alojará el fantasma que durante muchos años combatió entre razón y pasión.

ESCENA B

Cuando una piedra se convierte en el instrumento del perdón, la muerte pierde fuerza. Es allí cuando la ceguera desaparece y la claridad del recuerdo ilumina el acto de remisión que presenciamos.
En ese momento, cuando el protagonista de esta historia siente compasión por el cuerpo odiado de su padre, empieza a andar por un camino espiritual ambientado en el añejo ritual del Nokam.

En esta escena, hijo y padre son esencialmente mente y no cuerpo. Y una vez aparece en primerísimo primer plano una piedra lisa en las manos tiesas e impasibles del cuerpo muerto, la historia de 130 minutos llega a su fin. Es la cesación final. Es la resucitación de un sentimiento y la consumación de otro.


Recursos: Kant, Descartes
Temas: Identidad personal, dualismo, muerte, budismo


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SUEÑOS DE CARNE Y HUESO (8 Y ½, 1963)

¿Cómo lograr originar algo a partir de su opuesto? Nietzsche repulsaba a aquel que concebía posible obtener la verdad a partir del error o un acto generoso creado desde la envidia. Fellini demostró que se puede erigir una idea desde la ausencia de creatividad.

Reflexiones de la película 8 y 1/2. Italia, 1963. Federico Fellini.

Guido Contini representa un guionista y director atrapado en una crisis creativa personificando al mismo Federico Fellini (1920) después del éxito de La Dolce vita. En su conflicto lidiará con sus sueños, mujeres y deseos. Durante 8 y ½, el espectador presenciará un baturrillo de situaciones reales y oníricas alrededor de una carrera creativa fallida que se convertirá en el filme real.

Guido parece sentirse alienado por la sociedad. Sus convicciones y actuaciones son repudiadas por sí mismo, y la ausencia de ideas produce el miedo de convertirse en un fracasado que sólo vive de sus recuerdos. La perdida de la relación entre obra y director se refleja en sus sueños ordinarios, repletos de simbolismos y espejo de los sentimientos hacia él y el mundo.

Decía Carl Jung que este tipo de sueños sólo tienen significado particular para el soñador, debido a la experiencia y a su inconsciente personal. “Los sueños permiten reflejarnos a nosotros mismos”, agregaba el psicoanalista. En sus sueños, Guido refleja sus deseos y sus miedos. En alguno de éstos, el director, con látigo en mano, disfruta de un Harén de sumisas y hermosas mujeres, emulando los serrallos del último rey de Israel.

En su estancamiento mental, aparecen ellas. Sus musas de inspiración y sus musas de confusión. Como si del monte Parnaso fueran llamadas, cada una entra en la historia de Guido, pero ninguna de las festivas logra su cometido. Por el contrario, siembran más confusión y fantasía a la realidad del director.

Con una impecable creación teatral, algunas escenas circenses, imágenes oníricas y con un objetivo quijotesco, Fellini nos adentra en su propia miseria y en su crisis poética. Allí lo imaginario y lo real no tienen fronteras entre sí. Allí el artista, como lo diría el director italiano, constituye un médium entre las quimeras y el resto del mundo, donde por momentos desaparecen los signos que separan claramente a la vigilia del sueño. Sueños que según Andrè Bretòn son de carne y hueso, y que permiten que el cine alcance ese punto del espíritu donde vida y muerte, imaginario y real dejan de percibirse contradictorios.

“Nuestros sueños son nuestra única vida real”, apuntaba Fellini. De allí la visión surrealista de la película donde ilusión y realidad se mezclan confundiendo al espectador. 8 y ½ es irracional, independiente, libre para expresar lo que el inconsciente descubra; es la referencia que contradice a Nietzsche afirmando que se puede crear de y a partir de todo.

Recursos: Andrè Bretòn, Nietzsche, Descartes.
Tema: Surrealismo, automatismo


Pd: No vale siquiera la pena comparar a Mastroianni con Daniel Day-Lewis; a Rob Marshall con Federico Fellini. ¡Hay mucho más que un medio entre la italianisima Otto e mezzo y la holliwoodense Nine!
Decía Fellini que le avergonzaría realizar una obra que ya hubiera sido hecha… (A propósito del estreno de Nine y Synecdoche, New York) video

EL CALOR NO PUEDE SEPARARSE DEL FUEGO (PERRO COME PERRO, 2008)

El sudor sigue empapando el rostro de Víctor Peñaranda. Lleva un buen rato mirando al frente sin decir una palabra. Tal vez piensa en su hija –por la que robó cientos de dólares a su jefe mafioso; tal vez se siente incómodo por sus dos acompañantes: dos sicarios mal hablados de aspecto circense. El calor crece y tal vez Víctor predice el descuartizamiento que tendrá que hacer para salvar su vida.

Reflexiones de la película Perro come perro. Colombia 2008. Carlos Moreno


El escenario dítico en el que Carlos Moreno ubica esta historia de sicarios y mafia parece infernal. Una ciudad exotérmica donde gimen los violentos contra la vida y se ven cuerpos sumergidos en sangre. Una Cali interpretada desde sus más bajos problemas y vulnerable a estimaciones negativas como ocurrió con Río de Janeiro en Ciudad de Dios (2002) o Medellín en Rodrigo D (1990).

En medio de este calor no hay respeto por la vida. Los argumentos para matar existen siempre y los medios para matar están al alcance de los protagonistas. El concepto que ellos tienen hacia la muerte responde sólo a la concepción que tienen del mundo. Y en el mundo de Peñaranda y Benítez, donde los degenerados no confían en la vida, la traición, codicia y el fuego de un arma oprimen el valor supremo.

Para Heidegger la única experiencia que el hombre puede tener sobre la muerte es la defunción del prójimo. La manera como se afronte la muerte delineará el horizonte del respeto a ésta. En Perro come perro hay insensibilidad: ellos no temen enfrentar a la muerte, ocasionándola; no vacilan en acabar con una vida.

Pero no hay que equivocarse con Perro come perro. Ésta es más que una típica película violenta colombiana. Es un thriller cómico que profundiza la confusión moral y que avanza con una gran puesta en escena producida por Diego Ramírez y una gran edición metafórica y llena de efectos (Efeccine. Amores Perros, 2000).

Al final, el temor causará la disyuntiva moral que desemboca en el letargo que sufren los protagonistas. Benítez al sentirse muerto en vida empieza a temer por la privación de sus sentidos y las sensaciones nuevas experimentadas. Al final, guiado hacia el séptimo círculo del infierno por un cuasi Carón dantesco, Benítez perderá sus sentidos, no sufrirá miseria alguna y -citando a Marco Aurelio- se convertirá en otra criatura. La muerte, el epílogo previsible y seguro de esta historia infernal en una ciudad herviente.

Temas: Vida, infierno, muerte, moral.
Recursos: Heidegger, Dante, Nietzsche.



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